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Una trabajadora de la empresa Asturiana de Fertilizantes (Chemastur) fue «objeto de acoso laboral» por dos encargados de la compañía, según Jorge Fernández Punset, juez de la Sala de lo Social número 1 de Avilés. El magistrado dictó el pasado 24 de febrero una sentencia condenatoria contra estos dos mandos de la empresa. La sentencia ordena el pago de 5.000 euros a la trabajadora víctima de acoso. El pago se debe hacer a razón de 2.500 cada uno de los condenados. La compañía de fertilizantes del puerto de Avilés decidió no recurrir la sentencia, según fuentes judiciales.
En la sentencia se puede leer que la trabajadora que denunció a su empresa sufrió en el año 2007 «mobbing» por parte de sus dos superiores. En la actualidad, esta situación ha cesado. Uno de los condenados no tiene relación laboral con la compañía, el otro, sin embargo, sí.
La sentencia dice que los dos condenados vulneraron los «derechos fundamentales a la igualdad, a su honor y dignidad personal y al ejercicio de la libertad sindical».
La trabajadora acosada laboralmente había presentado una demanda contra la compañía que, por un defecto de forma (una demanda de este tipo tiene que ir contra una persona física y no contra una persona jurídica) fue rechazada. Ahora el juez le da la razón.
Aparte de los 5.000 euros, el juez ordena «la reposición de la actora (la víctima) a las condiciones laborales presentes anteriores a estas conductas» (las protagonizadas por los dos condenados).
Chemastur mantiene un expediente de regulación de empleo (ERE) desde comienzos de año para casi toda la plantilla. Este ERE concluye a finales de este mes de abril. Las razones aducidas fueron de producción.
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El remobbing contra las víctimas
24.09.08 | 10:07. Archivado en El Profesor
(Prof. Iñaki Piñuel).- El cuento nos advierte del proceso continuado que garantiza el eterno retorno del proceso victimario contra Blancanieves u otras que representen el mismo potencial de amenenaza que ella en el entorno de los mismos acosadores.
La madrastra vuelve una y otra vez a encontrar que las diferencias entre ella y las demás Blancanieves que existen en su entorno se van atenuando. Le lleva a ello su narcisimo.
La reina vuelve a preguntar al espejo:
“- ¿Quién es ahora la más bella?
- Sigue siendo Blancanieves, que ahora vive en el bosque en la casa de los enanitos...”
Por ello no se conforma tan solo con la salida de Blancanieves de su entorno. Es necesario eliminarla definitvamente de la circulación. De ahí que el remobbing o persecución ulterior, más allá de la propia salida de la víctima de la organización es un patrón constante en los casos de mobbing.
No importa lo lejos que la víctima haya sido expulsada, esta sigue siendo allá donde se encuentre un potencial de amenaza para el hostigador. Es necesario acabar con ella como sea.
Lo que el cuento describe a continuación es la receta milagrosa que opera el daño más oculto e invisible en el mobbing. Algo que le llevó a Heinz Leymann, padre fundador y pionero de la investigación y divulgación del mobbing a escala mundial a afirmar que el el acoso psicológico constituye un verdadero asesinato silencioso que no deja huella aparente y que debido a ello permite la impunidad a quien lo perpetra.
El cuento explica el proceso técnico y típico de camuflaje del acosador que se presenta frecuentemente bajo el disfraz psicológico de alguien que nunca es: una persona aparentemente bondadosa, apacible, moralmente intachable, incluso interesado en hacer el bien a su víctima. Alguien a quien el cuento representa como una venerable e indefensa anciana.
El proceso de acoso reviste entonces la apariencia de un bien: una apetitosa manzana. La manzana que, desde la Biblia, representa en nuestra cultura occidental la culpabilidad. Una vez que la víctima muerde el anzuelo de la culpabilidad, dice el cuento cae paralizada.
La parálisis típica ante el acoso procede del modo terrible en el que el que acosa bajo apariencia de buen hacer le lleva a su víctima a internalizar o introyectar la culpabilidad. Algo que necesita y le viene muy bien pues una víctima paralizada por la culpabilidad (como muerta dice el cuento de Blancanieves) es alguien al que resulta más fácil victimizar con muy poco riesgo de retaliación para el que acosa.
Por ello ese empeño casi obsesivo en todos los maltratadores y en todas las formas de maltrato de imputarles a sus víctimas el ser la causa de los propios males que sufren. La culpabilidad, haciéndolas merecedoras del castigo y del acoso las vuelve inocuas para los maltratadores.
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Blancanieves frente a su madrastra: el mobbing del narcisista contra su víctima
24.09.08 | 08:42. Archivado en El Profesor
(Iñaki Piñuel).- Resulta admirable verificar como el cuento es capaz de relatar los antecedentes habituales de todas las situaciones de acoso. El antecedente de todo mobbing es paradójicamente una relación entre acosador y víctima neutral o incluso positiva.
La pretensión de presentar el mobbing como la derivación final de un conflicto no es ni por mucho la de la mayoría de los casos. El carácter incausado del acoso despista enormemente a las víctimas y sitúa al que acosa en una perspectiva que le proporciona una ventaja estratégica esencial que luego explota decisivamente en el proceso de destrucción que inicia.
Esa situación previa neutral o aparentemente de ausencia de conflicto, sin embargo contiene un potencial de riesgo que el cuento desvela.
El cuento ofrece las características previas, no de las víctimas (que es donde no se pueden encontrar nunca; y por ello son vanos los intentos de buscar una especie de perfil previo de las víctimas) sino de la acosadora. La madrastra según nos informa el cuento es efectivamente una persona vanidosa. Alguien que se mira constantemente en un espejo para saberse hermosa. Alguien que se compara. Por tanto no necesita solo sentirse hermosa sino la única que lo es en su entorno. Esta resulta ser una descripción casi técnica de lo que los psicólogos denominamos una personalidad narcisista. Lo que mi colega la psicoanalista francesa Marie France Hirigoyen denomina un “perverso narcisista.”
La madrastra no es más que una falsa madre. Alguien que en apariencia aprecia, pero en realidad no quiere en absoluto a Blancanieves. Su narcisismo muy pronto la va a situar en una posición de rivalidad respecto a Blancanieves. La envidia y los celos, elementos centrales en todos los procesos de acoso psicológico, convertirán a Blancanieves en objetivo o target del acoso. Se convierte a la víctima inocente de toda causa para serlo, en una rival a batir o en un obstáculo a eliminar para poder mantener la ficción básica de la que vive todo narcisista que se precie: la ficción de su carácter único e inigualable.
La persecución contra todas las Blancanieves de este mundo suele ser decretada desde el momento preciso en que estas restan, ( amenudo sin saberlo y menos aun pretenderlo) el protagonismo o el carácter único de las madrastras. Este proceso de indiferenciación de las víctimas respecto a sus agresores resulta esencial para entender el núcleo central de todos los procesos de acoso.
En la medida en que la víctima se acerca al status real o ficticio que el agresor pretende tener o mantener respecto a ella, esta comienza a ser percibida como amenazante.
En la vida real vivimos en una sociedad que técnicamente nos convierte a todos en potenciales narcisistas, esto es, en personas que reivindican y pretenden para si mismas en exclusiva un carácter único e inigualable como fuente de la satisfacción y del bienestar psicológico interno.
La falta de autoestima de la mayoría de niños, jóvenes y adultos es algo que va incluido en una programación social dominante que condena a todos desde pequeños a ingresar en el infierno de la comparación con los demás y al intento de que estos no nos igualen y aun menos nos superen. Una sociedad llena de personas tan individualistas como competitivas es el resultado de la rivalidad y de la exacerbación de la envidia propia del narcisismo compartido a escala universal.
A medida que el discípulo se acerca al maestro, la hijastra a la madrastra, el subordinado al jefe , la esposa al esposo, crece la indiferenciación y por lo tanto se incrementa la probabilidad de que se desencadene el proceso que va a convertir a los primeros en el blanco de la animadversión y del intento de eliminación de los segundos.
Obsérvese el modo genial con que el cuento de Blancanieves relata un proceso central en el desencadenamiento de todo mobbing contra alguien: el sufrimiento psíquico de un narcisista que procede de la sistemática comparación con todos cuantos otros individuos pululan a su alrededor.
La madrastra que se mira en su espejo mágico busca en los demás el espejo que requiere para que le devuelva una imagen inmejorable que pretende reflejar para cubrir y compensar exteriormente su baja autoestima.
Es así como se manifiestan ante el mundo entero como hipersensibles a toda crítica, a todo cuestionamiento por parte de quienes los rodean. Como todos los narcisistas busca la adulación, el peloteo, la coba fina... Pero cuanto más halagos reciben peor se sienten pues no llegan jamás a compensar la fuente de su malestar que no es sino los sentimientos profundos de inadecuación que les corroen por dentro.
Algo que las víctimas de mobbing perciben una y otra vez como un rasgo o característica central de sus acosadores es que estos se hallan continuamente pendientes del espejo social, de quedar bien, especialmente ante los superiores, de epatar a los demás, de obnubilarlos con sus palabras o la falsa seguridad que proyectan. Todo con tal que se les devuelva la ración cotidiana de droga que reclaman sus pobres yoes disminuidos.
La crisis típica que desencadena el proceso victimario se precipita tanto en el cuento como en la realidad de los casos de mobbing en el preciso momento en que la madrastra (el acosador) cae en la cuenta de que hay alguien cerca que le puede hacer sombra. Es decir alguien que ha crecido, ha hecho las cosas bien, ha sido felicitado, ha obtenido un buen resultado... Alguien cuya mera presencia (simplemente el estar ahi, ser quien es, ser como es) le garantiza un rosario sin fin de miseria emocional.
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Una ex profesora acusa a la UPF de mobbing y demanda 250.000 euros
24.09.08 | 10:29. Archivado en Profesores
(PD).- La demandante, Maria Dolors Obiols, empezó a trabajar en la Universidad Pompeu Fabra (UPF) en 1991 en calidad de profesora adjunta en el departamento de Sociología que dirigía el actual presidente del Institut d'Estudis Catalans, Salvador Giner.
Durante el juicio, Obiols sostuvo que el acoso laboral empezó en 1995, cuando el codemandado Sebastián Sarasa sustituyó a Giner e intentó que cambiara su orientación docente, de la sociología teórica a la empírica. También la presionó el codemandado Gosta Esping-Andersen, quien en 1999 fue nombrado jefe del área de Sociología del departamento de Ciencias Políticas y Sociales.
La doctora en Filosofía que impartía clases de Sociología estuvo vinculada a la universidad a través de distintos contratos, hasta que le hicieron uno temporal, que finalizó en 2007. En mayo de ese mismo año, salió a concurso la plaza que ocupaba y se presentó como candidata aunque finalmente no se adjudicó.
En julio de ese año, el centro ofreció a Obiols un contrato como profesora asociada a tiempo parcial impartiendo una asignatura menos, a lo que la docente se negó como hizo dos meses después con otra oferta ya que, según dijo, "era fruto de una coacción". A cambio de contratarla, le pidieron que no denunciara el caso a Inspección de Trabajo.
Para Obiols, son "muchos años de hostilidad y acoso", por lo que ahora pide al magistrado que declare la nulidad de su despido por discriminatorio y acoso moral, orden su readmisión, el abono de los sueldos no percibidos durante el último curso y que la indemnicen con 250.000 euros.
El abogado de la universidad y los codemandados, Enric Arraz, explicó al magistrado que Obiols estuvo vinculada al centro mediante distintos contratos, como el de profesora titular interina, que quedó desapareció por cambios legislativos.
La UPF le propuso, igual que a otros docentes en la misma situación y por respeto al tiempo que llevaba ejerciendo en el centro, un contrato temporal de un año prorrogable a un máximo de cuatro que Obiols rechazó alargar. Para el vicerrector, Jaume Casals --también demandado--, no puede haber un despido improcedente si el contrato laboral es temporal y ha llegado su fecha de finalización.
Sarasa y Esping-Andersen dijeron que, preocupados por el futuro profesional de Obiols, recomendaron a Obiols cambiar de orientación y la animaron a investigar, publicar estudios y participar en las actividades del profesorado, así como a acabar su tesis doctoral, que empezó en 1986 y finalizó en 2002.
En un comunicado, la sala de gobierno de la UPF reconoce que los cambios legislativos no han favorecido la situación laboral de Obiols pero sostiene que "eso no fundamenta este ataque sin fundamento". Además, a su entender, las decisiones tomadas por los codemandados se ajustan al marco legal actual.
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Iñaki Piñuel).- Más de un millón y medio de personas en España son víctimas del mobbing, una situación de acoso psicológico que se vive en el medio laboral y que puede producir graves trastornos en el empleado.
La vuelta al trabajo tras las vacaciones de verano supone un gran esfuerzo para la mayoría de los trabajadores. Sin embargo, esto puede resultar más costoso si se es víctima del mobbing, más conocido como el acoso moral en el trabajo.
Según el estudio Violencia en el entorno laboral, realizado por la Universidad de Alcalá de Henares, en Madrid, y dirigido por Iñaki Piñuel, especialista en el tema y autor de la obra Mobbing: Cómo sobrevivir al acoso psicológico en el trabajo, más de un millón y medio de españoles padecen hostigamiento laboral.
En la citada obra, Piñuel define el mobbing como "el continuo y deliberado maltrato verbal y modal que recibe un trabajador por parte de otro u otros, que se comportan con él cruelmente con vistas a lograr su aniquilación o destrucción psicológica y a obtener su salida de la organización a través de diferentes procedimientos".
Según Piñuel, "hoy por hoy, el mobbing es el mayor riesgo laboral que corre un trabajador en España, por encima de otros problemas como los riesgos derivados de la manipulación de determinados objetos o, en el caso del personal sanitario, por infección".
Gente joven
La mayoría de las investigaciones europeas realizadas sobre el mobbing destacan que afecta principalmente a personas con edades comprendidas entre los 40 y los 49 años. Sin embargo, los resultados preliminares del Barómetro Cisneros I -Cuestionario Individual sobre Psicoterror, Negación, Estigmatización y Rechazo en Organizaciones Sociales- dirigido por el profesor Piñuel, han arrojado algunas variaciones.
"Nosotros hicimos la misma proyección de edades y hemos encontrado que el grupo más afectado por este fenómeno son las personas menores de 30 años, con una antigüedad media de un año y con contratos temporales o de los denominados basura. Esto es totalmente diferente que en otros países".
Una explicación a este cambio podría ser que "en España la legislación y la prevención laboral han favorecido que los jóvenes estén en un entorno laboral precario".
Otra peculiaridad española es que las personas que son objeto del mobbing son los que hace unos años se denominaban JASP, acrónimo de joven, aunque sobradamente preparado: "Dos tercios de la muestra han resultado ser jóvenes acosados que tienen una formación superior a la que se demanda para el puesto de trabajo". El estudio interpreta que estas personas suponen una amenaza para compañeros y jefes de más edad y con una formación menor.
Aunque resulte extraño, lo cierto es que el trabajador que sufre acoso moral no lo padece del mismo modo en una empresa privada que en la Administración pública.
Según apunta Piñuel, "en las empresas privadas se busca que la persona se marche machacada de su puesto y que lo abandone voluntariamente, o bien que la víctima tenga bajas laborales continuadas, y el hostigador tenga la excusa perfecta para acabar con él profesionalmente".
Público y privado
En el caso de las administraciones, el problema se complica porque no se puede despedir a la persona y "es muy raro que un funcionario público renuncie a su cargo". Por lo tanto se mantiene en su puesto de trabajo más tiempo: "Esto se puede resolver con un traslado voluntario de la persona a otra sección o departamento. Sin embargo, lo más frecuente en estos casos es que al trabajador que ha entrado en una baja continuada le den una incapacitación laboral, a veces absoluta", explica Piñuel.
En el libro del profesor Piñuel se llegan a clasificar hasta 45 modalidades diferentes de acoso moral. Según este experto, "el problema tarda en identificarse una media de 15 meses entre las mujeres y 18 en los hombres".
Hasta el pasado mes de junio, la Organización Internacional del Trabajo ofrecía datos en España de un 5 por ciento de trabajadores con este mal, lo que supera las 800.000 personas. Sin embargo, un estudio de la Fundación Europea para la Mejora de las Condiciones del Trabajo del año 2000 daba una cifra del 9 por ciento de la población activa; "unos datos que ya nos alarmaron", indica Piñuel.
Más datos
Pero las cifras arrojadas por el Barómetro Cisneros elevan este porcentaje a un 11,5 por ciento, lo que demuestra que uno de cada diez trabajadores españoles en activo está padeciendo o ha padecido en los últimos seis meses mobbing.
Piñuel subraya que entre las personas que lo han padecido durante un tiempo prolongado pueden quedar secuelas: "Muchos de ellos no llegan a recuperarse del trauma psicológico provocado por la pérdida de autoestima, y esto aparece acompañado de diversas patologías psicosomáticas. Estas personas pueden terminar suicidándose. Considero que un 20 por ciento de los suicidios que se producen en España son causa del mobbing".
La solución a este problema pasa por hacer frente al acosador y sobre todo por "hacer público lo que está ocurriendo. Además, hay que establecer sanciones y prevenir con protocolos estas situaciones en las empresas", puntualiza Piñuel.
El sector sanitario
En opinión de Iñaki Piñuel, "las cifras obtenidas en algunos sectores como el sanitario, y en concreto entre el colectivo de las enfermeras, pueden llegar al tercio. Es decir, una de cada tres enfermeras ha sido en el último año víctima de un problema de mobbing".
Entre el colectivo médico también se han dado casos y a pesar de que en España no existe legislación al respecto, ya hay una sentencia del Juzgado de lo Social número 2 de Madrid.
En el fallo, el juez condenó a un hospital a pagar una indemnización de 9.549.432 de pesetas por tolerar los excesos de un jefe de servicio hacia un médico que pidió la resolución de su contrato laboral debido a una serie de actos lesivos de tipo profesional realizados por su superior. Tales actuaciones -privación de guardias y de docencia, entre otras- son "incumplimientos injustificados" que dañaron "la dignidad laboral del trabajador". El afectado fundamentó su demanda en el artículo 50 del Estatuto de los Trabajadores.
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La abogada Carmen Romero
El Supremo ha dado la razón a las cuatro camareras que denunciaron a la empresa que gestiona la cafetería del hospital Clínico por mobbing. El Alto Tribunal ha rechazado el recurso de casación interpuesto por Sodexho y declara firme la sentencia. La compañía, que sigue al frente del servicio, tendrá que indemnizar a cada una de las trabajadoras con cantidades que rondan los 30.000 euros y, además, asumir las costas de todo el proceso.
La batalla legal de las cuatro jóvenes empezaba hace algo más de tres años. "Las insultaban delante de la gente con expresiones despreciativas, comentarios despectivos, les controlaban la comida o las ofendían por sus formas femeninas", relata a este diario la abogada de las camareras, Carmen Romero. El primero en darles la razón fue el Juzgado de lo Social de Fontiñas. Condenó a la empresa, a los encargados del local y a varios directivos. Tanto el Tribunal Superior de Xustiza de Galicia (TSXG) como el Supremo desestimaron los recursos presentados.
"Al principio todo el mundo decía que era un invento, una pataleta, y que habían tenido suerte en un juzgado de Santiago. Ahora que la sentencia por fin es firme se desmuestra que lo que contaban era verdad", explica la letrada que representa a las trabajadoras. El acoso laboral, según queda probado en el fallo, se ejercía de dos maneras: a través de insultos, comentarios despectivos y actitudes de desprecio de los superiores hacia las jóvenes, y creando una situación de conflicto entre los miembros de la plantilla.
No obstante, la contienda judicial todavía no ha llegado a su fin. El procedimiento penal sigue en marcha y pendiente de juicio, un juicio que podría concluir con el gerente de Sodexho y el encargado de la cafetería del hospital Clínico en prisión (de seis meses a dos años). Es la primera vez en Galicia que la Fiscalía abre un caso por un supuesto delito contra los trabajadoras por vía penal.
En el mismo puesto
Tres de las camareras siguen trabajando en la cafetería del centro sanitario de A Choupana y el encargado que cubría su turno ya no es el mismo. Sólo una decidió abandonar el puesto tras la pesadilla. En los cuatro casos las pruebas médicas determinaron que existía "una huella cíclica" de acoso laboral, "para alguna de ellas de difícil recuperación", puntualiza Carmen Romero.
Las empleadas fueron cayendo de baja poco a poco debido a la situación "inauguantable" que soportaban durante el desarrollo de su actividad profesional.
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Iñaki Piñuel).- Acuñado por primera vez a finales del verano de 2000 por el especialista en salud laboral Angel Cárcova, el síndrome postvacacional es un concepto relativamente nuevo con muy poca entidad aún en la investigación académica.
Describe en realidad una dificultad de adaptación al trabajo tras la finalización de las vacaciones que afecta a un número creciente de trabajadores. Esta inadaptación conlleva una serie de cuadros en forma de síntomas físico-psíquicos, que suelen remitir normalmente al cabo de pocas semanas.
Puede definirse como una reacción adversa de inadaptación como resultado de la vuelta después de un período vacacional a un tipo de trabajo cuyas negativas condiciones psicosociales producen un auténtico rechazo del organismo del trabajador afectado.
Hay 6 grupos de síntomas que suelen presentarse como más característicos de este síndrome:
1. El cansancio o agotamiento emocional, caracterizado por pérdida de energía, apatía, abulia, desmotivación, lasitud. Se trata de una especie de agotamiento o fatiga más psicológica que física. No puede con el trabajo. Le superan las tareas más nimias. Es más un bloqueo psicológico que físico.
2. Retirada e introversión social en el ámbito del trabajo. El trabajador no tiene ganas de relacionarse con los demás en el trabajo. Puede adoptar una actitud pasiva, distante o mantener el mutismo. Disminuye su participación, y sus relaciones e intercambios con los demás pueden verse reducidos de manera significativa.
3. Sentimientos negativos hacia el trabajo y sensación de horizonte profesional cerrado o agotado. Pesimismo profesional. No percibe que el propio desempeño en el trabajo pueda ser gratificante. Las recompensas o niveles de realización que puede esperar en el próximo período del trabajo son escasas o nulas.
4. Desarrollo de una variada gama de síntomas psicosomáticos de estrés. Se suelen presentar cuadros de angustia, ansiedad, dolor precordial, taquicardias, dolores musculares o articulares, cefaleas, sofocos, ahogos, temblores, inquietud, nerviosismo, etcétera.
5. Aparición repentina de cambios bruscos en la personalidad. Se producen cambios en la forma de ser del trabajador. Se incrementa la irritabilidad, la persona aparece triste, desarreglada en su aspecto externo, con llantos o ganas de llorar, con frecuentes discusiones o broncas con su familia. Presenta pesimismo existencial. Manifiesta ideas negativas hacia sí mismo, su capacidad o su talento profesional, ideas negativas hacia su trabajo, sus compañeros, jefes, el entorno laboral, y mira al futuro con desconfianza o incluso desesperación, anticipando cosas malas que le van a ocurrir en su trabajo.
6. Alteración de los patrones de sueño. Se producen problemas para dormir. Puede presentar problemas para conciliar el sueño o despertar temprano y no poder ya dormirse. En cualquier caso la persona no descansa con el sueño.
Cada vez somos más los investigadores que relacionamos la emergencia de este nuevo síndrome con la existencia de otros fenómenos que pueden estar causándolo, como son los denomidados riesgos laborales psicosociales. En concreto el 'mobbing', el estrés o el 'burnout'.
Son muy a menudo los trabajadores que padecen a lo largo del año condiciones de trabajo psicosocialmente tóxicas los que al volver al trabajo presentan este tipo de cuadros. El síndrome postvacacional no sería entonces más que un epifenómeno propio del organismo de un trabajador dañado a lo largo del año, que simplemente se revuelve y se resiste a regresar a un lugar de trabajo en el que sufre enormemente.
La presión de la organización, las apreturas económicas y familiares, la situación del mercado laboral y algunos otros factores incrementarían la disonancia cognitiva de los trabajadores que, a pesar de estar expuestos a un riesgo laboral psicosocial creciente, se someten sin remedio a condiciones laborales lesivas por su toxicidad. Así, por ejemplo, el estrés es algo a lo que estamos tan aclimatados que sólo nos damos cuenta de que lo sufrimos tras un período como el vacacional en el que nos hemos visto libres de él por un tiempo.
Muchos trabajadores están asimismo 'quemados' por el 'burnout' o síndrome del trabajador quemado, y no lo saben. Sólo notan con inquietud que cada vez sufren más intensamente problemas psicosomáticos a la vuelta del verano. Otros son víctimas de un proceso de persecución laboral conocido como 'mobbing' o acoso psicológico en el trabajo, que muchos todavía, y a pesar de la divulgación del fenómeno, trivializan y banalizan.
El retorno postvacacional al 'acoso nuestro de cada día' cursa con crisis de ansiedad, ataques de pánico o reacciones psicosomáticas diversas.
Ante todas estas situaciones de castigo laboral el organismo se rebela y finalmente transmite el conflicto a través de las señales de alarma, que son siempre las somatizaciones típicas. El síndrome postvacacional no manifiesta más que la repugnancia, el miedo o el terror de nuestro organismo a regresar, a la vuelta de las vacaciones, a un lugar de trabajo que se ha convertido hace tiempo en un 'gulag' o un 'lager' laboral.
A pesar de que es un imperativo de la Ley de Riesgos laborales, son pioneras y aún relativamente pocas las empresas y administraciones que incorporan la evaluación del riesgo laboral psicosocial en el que pueden estar inmersos sus trabajadores por efecto del 'mobbing', del estrés o del 'burnout'.
Por todo ello, ante la realidad del síndrome postvacacional es necesario cuestionarnos acerca del riesgo psicosocial a que nos expone nuestro trabajo o simplemente preguntarnos, tal y como señala el sociólogo español Enrique Arrojo, si no habrá llegado ya el momento para muchos de nosotros de abandonar un trabajo que resulta crecientemente tóxico por inhumano.
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DURANTE EL MES DE AGOSTO POR VACACIONES NO HABRÁ ASESORAMIENTO PSICOLÓGICO.
DURANTE EL MES DE SETIEMBRE SE IMPARTIRA LOS MIÉRCOLES DIAS 3, 17 Y 24 DE 6 A 8 DE LA TARDE EN LA SEDE DE LA ASOCIACIÓN:
CENTRO SOCIAL DE CAMPOMANES
C/ CAMPOMANES Nº 12
33008 OVIEDO
PARA MÁS INFORMACIÓN PUEDEN LLAMAR AL TELÉFONO 696 15 21 11
LA JUNTA DIRENTIVA.
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